La nueva eclesiología y el "subsistit"

El Vaticano II acepta decir que “la Iglesia Católica es la Iglesia de Cristo”, pero renuncia a decir que “la Iglesia de Cristo es la Iglesia Católica.” Dice más bien que “la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica.” La diferencia de expresiones (“es” o “subsistit”) corresponde a una diferencia de definición de la Iglesia.

El núm. 8 de la constitución Lumen gentium enuncia:
 

Esta Iglesia, como sociedad constituida y organizada en este mundo, subsiste (‘subsistit’) en la Iglesia Católica, gobernada por el sucesor de Pedro y los Obispos que están en comunión con él, aunque numerosos elementos de santificación y de verdad se encuentran fuera de sus estructuras, elementos que, al pertenecer propiamente por don de Dios a la Iglesia de Cristo, llaman por sí mismos a la unidad Católica”.

El sentido de esta expresión de “subsistit” fue explicado en las Respuestas a las dubia sobre ciertas cuestiones eclesiológicas, publicadas por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en 2007.[1]

El texto quiere decir que la Iglesia de Cristo es idéntica a la Iglesia Católica, precisamente porque la segunda posee la plenitud de los medios de salvación que definen como tal la primera. El “subsistit” significa también que la presencia y la acción de la Iglesia de Cristo se extienden más allá de los límites de la Iglesia Católica, ahí donde se encuentran elementos de verdad y de santificación, propios de la Iglesia de Cristo. Y el lugar paralelo del decreto Unitatis redintegratio, núm. 3, afirma que esta presencia y esta acción de la Iglesia de Cristo se realizan formalmente por medio de las comunidades separadas, las cuales no son rechazadas por el Espíritu Santo, sino que se sirve de ellas como medios de salvación (“tamquam salutis mediis”).

El sentido de “Subsistit”

El Vaticano II acepta decir que “la Iglesia Católica es la Iglesia de Cristo”, pero renuncia a decir que “la Iglesia de Cristo es la Iglesia Católica.” Dice más bien que “la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica.” La diferencia de expresiones (“es” o “subsistit”) corresponde a una diferencia de definición de la Iglesia, ya que significa que no hay equivalencia entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica, al ser la primera más vasta que la segunda. Ahora bien, se puede decir que la Iglesia Católica realiza perfectamente la unidad deseada por Cristo, y que se identifica con la Iglesia de Cristo. Pero se puede decir en función de dos lógicas radicalmente diferentes y la del Vaticano II ya no es la de la Tradición Católica.

La enseñanza tradicional

Siguiendo los pasos de todos sus predecesores, Pío XII enseña en dos ocasiones, en Mystici corporis[2] y en Humani generis[3] que hay una adecuación estricta entre la Iglesia de Cristo (o su Cuerpo místico) y la Iglesia Católica romana. Si vamos hasta el final de esta enseñanza tradicional, debemos concluir que esta unidad de la Iglesia resulta de un orden social, que es el de la unidad de fe y de culto, tal como lo establece la autoridad del gobierno jerárquico instituido por Dios. La Iglesia Católica sola es la Iglesia deseada por Cristo, porque la Iglesia Católica sola es gobernada por el vicario de Cristo, que hace reinar el orden social deseado por Cristo. Fuera de este gobierno, la administración de los sacramentos es estéril y la lectura de la Sagrada Escritura degenera en anarquismo intelectual y moral. Ahora bien, este Vicario de Cristo, cabeza suprema de toda la Iglesia, es el Obispo de Roma. La santa Iglesia es, pues, de igual manera cristiana, Católica y romana.

Una nueva expresión y una nueva eclesiología

La expresión de “subsistit” no significa, al menos directamente, que habría varias formas de existencia para la Iglesia de Cristo. Significa que hay una presencia y una acción de la Iglesia de Cristo en las comunidades cristianas separadas, distintas de una subsistencia de la Iglesia de Cristo en la Iglesia Católica; y por lo tanto que no hay adecuación estricta entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica. La Iglesia de Cristo es un conjunto mucho más vasto que la Iglesia Católica, la incluye, pero la sobrepasa en extensión.

Si vamos hasta el final de esta lógica del Vaticano II, debemos concluir que la unidad de la Iglesia se concibe ya no como la de un orden social, sino más bien como una cantidad de elementos de santificación y de verdad instituidos por Cristo. En la Iglesia Católica, tenemos la plenitud de estos elementos. Pero fuera de la Iglesia Católica, en las comunidades cismáticas o heréticas, tenemos algunos elementos, no todos, pero una cierta cantidad, más o menos grande. Éstos son elementos que, sin poder constituir la unidad, son a pesar de todo más o menos cercanos a la unidad: tienden a ella. En esta visión, en la que la unidad resulta de una cantidad, la Iglesia de Cristo es más o menos. Está en plenitud y por lo tanto subsiste en la Iglesia Católica; está en estado de elementos parciales y por lo tanto está presente y actúa en las comunidades cristianas no Católicas. Y tal como se encuentran fuera de la Iglesia Católica, estos elementos son verdaderas semillas de unidad. El núm. 3 del decreto Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo llega incluso a decir que el Espíritu Santo no rechaza servirse de estas semillas como verdaderos medios de salvación, “cuya fuerza deriva de la plenitud de gracia y de verdad que ha sido confiada a la Iglesia Católica”.

En esta lógica, el Obispo de Roma no es el elemento constitutivo del orden eclesiástico, la base sobre la cual descansa la unidad de la iglesia, la piedra establecida por Cristo y sobre la cual Dios construyó su única Iglesia. El Obispo de Roma ya no es más que un elemento entre otros, y que viene a agregarse a los otros para realizar con ellos la unidad cuantitativa de una plenitud.

Un cambio de definición y no sólo de expresión

La diferencia de expresiones (la Iglesia de Cristo “es” o “subsiste”) corresponde pues a una diferencia de definición de la Iglesia.

Con la expresión tradicional de “es”, y la reciprocidad que ésta implica, la Iglesia de Cristo se define como la única sociedad Católica y romana, es decir, como el conjunto de todos aquellos que buscan el mismo fin (su santificación y su salvación), bajo la dirección de una misma autoridad (el Obispo de Roma, Vicario de Cristo). Esta definición de la Iglesia se basa en la relación que existe entre los miembros de la sociedad y su cabeza. Si se cambian los términos de esta relación, se cambia la definición: la relación que existe entre los creyentes y una cabeza que sería alguien diferente al sucesor de San Pedro ya no es la relación que define la Iglesia. Al proponerse indicar cuál es “el plan y el designio de Dios al constituir la sociedad cristiana”, el Papa León XIII dice, “El Autor divino de la Iglesia, habiendo decretado darle la unidad de fe, de gobierno, de comunión, eligió a Pedro y a sus sucesores para establecer en ellos el principio y como el centro de la unidad. [...] De ahí viene esta frase de San Cipriano, que la herejía y el cisma se producen y nacen la una y el otro de este hecho, que se le niegue al poder supremo la obediencia que se le debe. ‘La única fuente de la que han surgido las herejías y de la que han nacido los cismas es cuando no se obedece al Pontífice de Dios y cuando no se quiere reconocer en la Iglesia y al mismo tiempo un solo pontífice y un solo juez que toma el lugar de Cristo’ (Carta 12 a Cornelio, núm. 5)”.[4] La sociedad cristiana deseada por Dios es, por lo tanto, idénticamente Iglesia de Cristo e Iglesia Católica romana, sin que haya ninguna distinción entre las dos, ni real ni aun de razón.

Con la expresión nueva del “subsistit”, la Iglesia Católica ya no se define como una relación entre los miembros y su cabeza; se define como una plenitud, es decir, como una suma completa de elementos. Estos elementos se encuentran todos en ella; algunos de ellos, mas no todos, se encuentran fuera de ella, donde dan lugar a una presencia de la Iglesia de Cristo. La Iglesia de Cristo es entonces más o menos: está en plenitud y subsiste en la Iglesia Católica; está en estado de elementos parciales, presente y actuante, en las comunidades cristianas no Católicas.

El elemento que faltará siempre a todas las comunidades separadas de la Iglesia es el poder de una jurisdicción suprema y universal, confiado por Cristo a su vicario, el Obispo de Roma. Este elemento no es un elemento entre otros. Es un elemento determinante, es decir, un principio, el principio mismo de la unidad de la Iglesia. Las otras comunidades cristianas disidentes (protestantes, ortodoxos, anglicanos), representan sin duda (desde un simple punto de vista material) un conjunto o una suma de elementos que pertenecen a la Iglesia Católica. Pero desde el punto de vista de su definición, estas comunidades están, con respecto a la Iglesia, en un estado de privación o de falta, sobre un punto absolutamente decisivo, puesto que todas rechazan el primado del Obispo de Roma, que es el principio mismo de la unidad de la Iglesia. La supuesta comunión más o menos perfecta, implicada por el “subsistit”, es un engaño y no podría corresponder a ninguna “eclesialidad”. La eclesialidad es o no es, y no se puede definir sino como una unidad social de parte a parte con vistas al mismo bien común bajo la dirección de una misma autoridad. Esta unidad de la Iglesia de Cristo es por lo tanto idénticamente, realmente y exclusivamente la unidad de la Iglesia Católica.


Para ir más lejos

 

  • Lettre à quelques évêques sur la situation de la sainte Église et Mémoire sur certaines erreurs actuelles [Carta a algunos obispos sobre la situación de la santa Iglesia y Memoria sobre ciertos errores actuales], Sociedad Santo Tomás de Aquino, 1983.
  • Fraternidad Sacerdotal San Pío X, De l’œcuménisme à l’apostasie silencieuse [Del ecumenismo a la apostasía silenciosa], Publicación de la Carta a nuestros hermanos Sacerdotes, edición especial núm. 3, 2004.
  • Padre Philippe Bourrat: « La définition et l’unicité de l’Église : à propos de la note doctrinale sur le Subsistit in du 11 juillet 2007 » [La definición y la unicidad de la Iglesia: a propósito de la nota doctrinal sobre el Subsisti in del 11 de julio de 2007] en L’Église d’aujourd’hui, continuité ou rupture ? Actes du VIIIe Congrès théologique de Si Si No No (Paris, les 2, 3 et 4 janvier 2009) [La Iglesia de hoy, ¿continuidad o ruptura? Actas del Octavo Congreso teológico de Sí Sí No No] (París, 2, 3 y 4 de enero de 2009), Courrier de Rome, 2010, pp. 99-117
  • Padre Philippe Bourrat: « Le Subsistit in et la nouvelle conception de l’Église » [El Subsistit in y la nueva concepción de la Iglesia] en Instituto Universitario San Pío X, Vatican II, les points de rupture. Actes du Colloque des 10 et 11 novembre 2012 [Vaticano II, los puntos de ruptura. Actas del Coloquio del 10 y 11 de noviembre de 2012], Vu de haut núm. 20, 2014, pp. 11-29.
  • Padre Juan Carlos Ceriani, « L’Église du Verbe Incarné, sacrement universel du salut… Charles Journet, un précurseur ?  » [La Iglesia del Verbo Encarnado, sacramento universal de salvación… Charles journet, ¿un precursor?] en La tentation de l’œcuménisme. Actes du IIIe Congrès théologique de Si Si No No, Rome, avril 1998 [La tentación del ecumenismo. Actas del Tercer Congreso teológico de Sí Sí No No], Roma, abril de 1998),], Courrier de Rome, 1999, pp. 97-130.
  • Padre Jean-Michel Gleize: « Pascendi n’a pas vieilli » [Pascendi no ha envejecido] en Nouvelles de Chrétienté [Noticias de Cristiandad] núm. 107 (septiembre-octubre 2007), pp. 4-16
  • Padre Jean-Michel Gleize:« La nouvelle ecclésiologie, au fondement de l’œcuménisme » [La nueva eclesiología, en el fundamento del ecumenismo], Courrier de Rome núm. 339 (559) de diciembre de 2010
  • Padre Patrick de La Rocque: « Le présupposé œcuménique de Lumen gentium » [La presuposición ecuménica de Lumen gentium] en Penser Vatican II quarante ans après. Actes du VIe Congrès théologique de Si Si No No, Rome, janvier 2004 [Pensar Vaticano II cuarenta años después. Actas del Sexto Congreso teológico de Sí Sí No No, Roma, enero de 2004], Courrier de Rome, 2004, pp. 297-308.
  • Padre Pierre-Marie, O.P.: « L’unité de l’Église » [La unidad de la Iglesia] en La tentation de l’œcuménisme. Actes du IIIe Congrès théologique de Si Si No No, Rome, avril 1998 [La tentación del ecumenismo. Actas del Tercer Congreso Teológico de Sí Sí No No, Roma, abril de 1998], Courrier de Rome, 1999, pp. 7-53.
  • Mons. Tissier de Mallerais, « Les principes catholiques relatifs à l’œcuménisme selon le magistère traditionnel de l’Église » [Los principios católicos relativos al ecumenismo según el Magisterio tradicional de la Iglesia] en La tentation de l’œcuménisme. Actes du IIIe Congrès théologique de Si Si No No, Rome, avril 1998 [La tentación del ecumenismo. Actas del Tercer Congreso Teológico de Sí Sí No No, Roma, abril de 1998], Courrier de Rome, 1999, pp. 167-178.
  • 1. « Réponse de la Sacrée congrégation pour la doctrine de la foi » [Respuesta de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe], del 11 de julio de 2007, DC, núm. 2385, p. 717.
  • 2. Pío XII, Encíclica Mystici corporis del 29 de junio de 1943 en « Les Enseignements pontificaux de Solesmes » [Las enseñanzas pontificales de Solesmes], L’Église, t. 2, núm. 1014.
  • 3. Pío XII, Encíclica Humani generis del 12 de agosto de 1950, ibíd., núm. 1282.
  • 4. León XIII, encíclica Satis cognitum en Les Enseignements pontificaux de Solesmes [Las enseñanzas pontificales de Solesmes], L'Église, t. 1, núm. 603. Ver también la constitución Pastor aeternus del Concilio Vaticano I; San Pío X en su Catecismo; Pío XI en Mortalium animos; Pío XII en Mystici corporis.